lunes, 6 de julio de 2015

“No me importa porque yo te amo"

 


(Por Ailen Ramos) - Trabajo práctico para lengua, sobre "La masacre de Ramallo" centrándome en un personaje.  
   
Mi nombre es Flora Lacave, soy viuda y también madre de dos hijos hermosos que hoy son lo más importante que hay en mi vida. Nací en la cuidad de Ramallo, ahí me crié y viví hasta que hace unos años, he vivido lo más horrible que pueda existir, perdí a mi marido, en un asalto, en una masacre.
A mi querido esposo lo conocí en la secundaria, me lo presentó una prima, me dijo: “Él es Carlos, es muy amigo mío”. Al principio no quería saber nada pero después, con él tiempo, empecé a aceptar sus invitaciones, esas que son típicas de un romance que recién inicia, famosas salidas al cine, a tomar un helado, a tomar algo, ir a la plaza, bueno, en fin.  
Lo que más me llamaba la atención de él era su carisma, seguro de sí mismo, tenía sueños, un objetivo y que también quería formar una familia. Después de un tiempo, empezamos a salir, le costó mucho pedirme que sea su novia, yo veía que me lo quería decir cada vez que salíamos pero no se animaba, hasta que se animó, y acepté.
Y después de muchos años de noviazgo, decidimos casarnos, porque vimos que era hora de sellar nuestro amor para estar juntos toda la vida, de formar una familia, tener hijos, viajar, etc. Los preparativos de la boda nos llevaron casi un año, hasta que finalmente nos convertimos en marido y mujer, fue un día hermoso, aunque duró poco, las horas se pasaron rápido, fue un casamiento bellísimo, con muchísimos invitados,  estuvimos acompañados de familiares y amigos, realmente fue todo un sueño, al fin y acabo, nuestro sueño se había cumplido, lo habíamos logrado.   
El tiempo pasó volando, ya llevábamos más de trece años casados, éramos padres de dos hijos maravillosos, y también éramos felices, fuimos muy felices todos los días, y la vida  de un día para el otro me lo arrebató. 
Carlos tuvo varios trabajos, hasta que consiguió ser cajero del Banco Nación de la ciudad. Los primeros años, trabajábamos los dos, era para tener más ingresos en la casa, darnos nuestros gustos y la mejor educación a nuestros hijos, para ese entonces, ya estaban los dos, y las cosas muy bien en el país no estaban así que decidimos eso.  
Un tiempo después, obtuvo la gerencia del banco, al principio a ninguno de los dos nos gustaba ese ascenso, era complicado, por sobre todo riesgoso, es una responsabilidad muy grande, sabíamos las consecuencias que podía causar, también estábamos al tanto de cuánto iba a ser su sueldo, porque es otra categoría y se te paga muy bien. Yo iba a tener que dejar de laburar porque ya no hacía falta, íbamos a poder darnos nuestros gustos igual, el mismo ingreso a la casa, y solo trabajaba él.
Y fue así que nos tuvimos que mudar arriba del banco, ahí estaba nuestra nueva casa, nuestro nuevo hogar, la gente del Banco te hacía vivir lo más cerca posible, para que si en la madrugada o en otro momento que el establecimiento se encontrara cerrado, fuera asaltado, el gerente pueda llegar lo más rápido posible. Así que todas nuestras mañanas las comenzábamos juntos, los hijos se iban a la escuela, y yo me quedaba a acompañar a Carlos hasta que se abrieran las puertas del banco así después seguir con mi vida, hacer las compras, visitar amigas, familiares, padres, ir a reuniones del colegio, hacer lo que toda mujer, madre y esposa hace.   
Llevaba más de 10 años trabajando en ese banco, y cuatro siendo gerente del lugar. Hasta que llegó el día más feo, más triste, más catastrófico, más inhumano que pueda existir en el mundo, ¿quién lo iba a decir? Para nosotros fue una mañana normal, sentíamos que iba hacer calor, era Septiembre, fue un diecisiete de Septiembre.  
Me acuerdo que nos levantamos, desayunamos con nuestros hijos y los llevamos a la escuela, los despedimos y volvimos. Al llegar, entramos por la misma puerta de siempre, saludamos a la vecina que todas las mañana baldeaba la vereda, entramos, fui a la cocina y puse la pava para tomar unos cafés. Recuerdo que Carlos había bajado porque había llegado el contador del banco, eran más o menos pasadas las 8 am, como sabemos en los bancos todos llegan puntuales, el cartero estaba por llegar, y los demás empleados llegaban a la misma hora al igual que el tesorero, que estaba por arribar en cualquier momento porque siempre lo hacía a las 8.30 am. 
Estaba bajando las escaleras con un café en la mano cuando escuché el timbre, como lo expliqué antes, el cartero estaba por llegar en cualquier momento, y el del timbre tenía que ser él; y era el cartero, pero junto con él también había dos hombres más, dos delincuentes, dos malparidos. Por culpa de ellos, mi vida cambió radicalmente, para siempre. 
Apenas entraron pidieron que nos tiremos al piso, de la desesperación lo único que lograba entender que decían era: “Todos al piso y que nos den todo, todo, pero todo”, después de que nos pegaron una piña a cada uno, y preguntaron quién era el gerente, quién era la persona que estaba además (el contador), que se ve que no estaban muy bien informados porque no sabían que se encontraría el contador adentro también, luego preguntaron quien estaba en nuestra casa.  
Nos pedían las llaves y las claves de la bóveda para sacar toda la plata que estaba adentro de ella, mi marido, muy nervioso, le trataba de explicar cómo podía que no había ninguna plata adentro, que solo se encontraban documentos privados pero que le íbamos a dar todo lo que pedían y no nos hicieran daño. En ese momento, le colgaron una granada, le dijeron que si alguno de nosotros nos pasábamos de listo, volábamos, sí, volábamos todos. Sabían que para la bóveda se necesitaban tres llaves porque se la pidieron a Carlos y al contador, y dijeron: “Tenemos que esperar al tesorero que en cualquier momento llega para obtener la tercera”.
El timbre volvió a sonar, y los chorros dijeron que seguro era el tesorero, y yo por dentro dije: “No, no es el tesorero, Estévez no va a venir, esa mañana se tenía que hacer un chequeo médico”. Fueron a abrir la puerta y regresaron con otro hombre, que más que hombre, era un pibe, un nene. En menos de diez minutos había cincuenta policías rodeando el lugar, a nosotros nos ataron y cuando llamó el comisario hicieron que hablara mi marido, ellos pedían la llave y clave que faltaba para abrir la bóveda, pero el comisario les dijo que había que esperar al juez para negociar. Después de eso, llegó la prensa, entonces encendieron la televisión que hay en el banco para los clientes y seguían todo lo que pasaba afuera. 
“Según la policía local, el banco fue tomado por seis hombres fuertemente armados con armas largas y explosivos”, era lo que decían los periodistas en todos los canales de noticias. Se los notaba muy nerviosos, pedían comida, se la pasaban pensando y pensando en una salida para todo esto.
Mandaron al más chico de ellos conmigo para buscar comida en mi casa, le pregunté que por qué hacía esto, que era un niño para mí, que me hacía acordar a mi hijo más grande, le ofrecí ayuda porque me dio pena, era un chico, se quería hacer el duro, se notaba claramente que no era igual que los otros dos, y estaba asustado, muy asustado. Y fue a él a quien después de todo lo que pasó, visité en la prisión, tan sólo por el hecho que me diga ¿por qué lo hicieron?   
El teléfono volvió a sonar, era la policía, le dijeron a Carlos: “atende pero no hagas cagadas”, entonces levantó pero del otro lado pedían hablar con el cabecilla de los delincuentes, entonces habló y pidió que le entregaran la llave, la clave, un auto con el tanque lleno, que le den franco a todos, y se iban sin hacerle nada a nadie pero el juez no cedió, y cortaron. Las horas pasaban, nosotros estábamos demasiado nerviosos y ellos más todavía, no sabían que hacer, iban y venían, ni siquiera los mirábamos y uno de ellos nos decía: “¿qué miran? Los vuelo a todos.
 El negociador llamó, pero lo que les cedía era muy poco, ellos quería más, y si no les daban todo lo que ellos querían, volaban el banco, en un momento de la comunicación, les nombró a la prensa, con que gracias a ella, podían ver todo lo que estaba afuera para que no los tomen de pelotudos, todos observábamos a través del televisor que había toda clase de policías afuera (grupo GEO, grupo Halcón, la policía local), y en un momento, los noticieros no mostraban más el edificio del banco. Cuando cortaron el teléfono, uno de ellos, se reveló y quería matarnos a todos, apuntaban a mi marido en la cabeza, pero el cabecilla le decía que se calme, que escuchó por el handies que estaban por entrar, entonces mi marido le pedía por favor que se tranquilice que así no se llegaba a nada, que las cosas iban a terminar muy mal, y bajó el arma, todo ese momento, dejé de respirar, mi corazón se había detenido. 
Carlos volvió a llamar y pidió por favor que le dieran lo que pedían porque esto ya se estaba yendo de las manos, y ese mismo momento uno de ellos le arrebató el teléfono y les recordó lo que habían pedido, les dijo que él tenía la enfermedad del SIDA al igual que toda su familia, que si el edificio iba a ser intervenido por la policía no le quedaba nada por perder ya, porque su vida estaba acabada. La llamada todavía no se había cortado, y el cabecilla comenzó a negociar de vuelta, pidió la llave a cambio de un rehén, la clave y liberaba otro rehén y así… y colgó el teléfono. Ellos continuaban nervioso, uno de ellos eran una bomba de tiempo, se notaba que en cualquier momento estallaba.
Y mientras las horas pasaban, notaba que toda esa mierda no se terminaba más, y lo miraba a Carlos, miraba al hombre que amaba, al padre de mi hijo, al hombre de mi vida. Él me pedía que esté tranquila que todo iba a estar bien, que se iba a terminar. Y le recordaba que era mi vida, que gracias por haberme hecho tan feliz los últimos años, que nunca se los iba a poder pagar, gracias por elegirme, por haberme amado tanto, gracias por nuestros hijos, y Carlos me decía que no le hablara así que esto no era una despedida, que se iba a terminar, y antes de que nos interrumpieran le dije: “Yo te amo tanto” y me volvió a decir “yo también, te amo, y te voy a amar siempre”.
Las horas seguían pasando, ellos estaban más alterados que nunca, las negociaciones estaban trabadas, se peleaban entre ellos, discutían, se agredían, para mí, ellos, se encontraban perdidos, y no sabían cómo seguir, creyeron que se les iba a ser más fácil, pero resultó ser más difícil que nunca. Después de un rato habían acordado una negociación, un rehén desnudo por la llave, decidieron sacarme a mí pero yo me negué, les dije que sin mi marido yo no me movía del lugar, y entonces dijeron que tanto barrullo, si se quiere quedar que se quede, que salga otro, por el cartero, y cuando se estaba yendo con él, el más joven de ellos, les gritó: “esperen, me quiero entregar”, y eso los volvió más locos, se empezaron a pelear, tiraron varios tiros al aire.  
El celular de uno de ellos, sonó y después de esa llamada, decidieron salir del banco, le pidieron la llave del auto a Carlos, subimos, a mí me usaron de escudo, a mi esposo le pidieron que maneje, que abra el portón y que les grite que era el gerente Chaves y que no tiren por favor, que estábamos por salir. Cuando arrancó el auto, mi mundo se detuvo por un instante, millones de recuerdos se vieron a mi cabeza, mis hijos, mis padres, todos. El coche empezó a andar y la peor música comenzó a sonar, miles y miles de tiros se escuchaban que pactaban en el auto, había policías por todos lados, en toda la cuadra y eran de todos colores, de diferentes uniformes, después de que el auto chocó contra un árbol, lo vi a Carlos, noté que estaba herido al igual que yo, y me dijo “me hirieron”, y le dije: “No importa porque yo te amo, y me soltó la mano”, era una costumbre que teníamos, cada vez que subíamos al auto nos agarrábamos de la mano, y cuando no lo hacía se enojaba.
Luego de que pasaron cinco años de aquel día en donde perdí lo que más amaba en este mundo, yo había mentido en el juicio, dije que nunca existió ese famoso “handie” de la policía, y no fue así, el aparato ese si había existido, a través de eso, ellos sabían todo, por eso en el segundo juicio lo confirmé, también conté algo que en el primer juicio no lo había dicho, que después de que todo terminara, donde dejaron de disparar, el ex jefe de la policía local Oscar Parodi, terminó de matar a mi marido, sí, lo terminó de asesinar, le disparó a sangre fría por la espalda, y todos se preguntaron por qué callé, por qué no lo dije al principio, y no lo dije por miedo, tenía miedo de mí, de mis hijos, ya me había sacado a mi marido, qué más me iban a sacar?
Ahora, ya pasaron casi dieciséis años de aquel día tan feo, de aquel asalto, de aquella masacre, porque sí, fue mucho más que una masacre. Todos los días me levanto y pienso en Carlos, en lo felices que podríamos ser hoy, en como cambiaron las cosas, en lo difícil que es vivir sin él, en cuanto lo extraño, y me pregunto millones de cosas, que la mayoría ni tienen respuestas, pero estoy un poco más entera, porque después de los años, se pudo hacer justicia, los juicios tardaron mucho, pero salieron y se pudo condenar a mucha gente que estaba involucrada, a los chorros que estaban vivos, porque días después de la masacre, uno de ellos apareció ahorcado en la comisaria, ni llegó a ser juzgado que se estaba muerto, no se sabe si se suicidó o lo mataron, pero todo los policías, los cómplices del asalto, habían sido condenados, incluso hasta algunos le dieron 24 años de cárcel.  
Y yo, Flora o Flori cómo me decía Carlos, continuo mi vida sola con mis hijos, sin el amor de mi vida, sin un marido presente, sin el amor, sin ser una familia completa, sin poder tener a alguien a quien contarles mis problemas, en fin, sin él, sin Carlos, porque de un día para el otro, la vida quiso llevárselo, y se lo llevó de la peor manera, lo mataron, lo acribillaron en un asalto, en una masacre, en la masacre de Ramallo.    

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Martín Palermo: “Elegí ser director técnico para seguir ligado al fútbol”.

 

En una charla con el exfutbolista y actual director técnico argentino de Arsenal Fútbol Club, Palermo nos contó que desde muy chiquito había decidido ser jugador de fútbol. Empezó en un club de barrio, en la ciudad de La Plata llamado “Forever”, y después a sus once años ya jugaba en las inferiores de Estudiantes de La Plata. 

El crack recordó cómo vivió su último partido que disputó como jugador, en el que hubieron muchas emociones, sensaciones encontradas y más sabiendo que iba a ser el último en su carrera, después de haber vivido tantas cosas lindas, y obviamente que fue duro.   

Dijo, que nota diferencias y similitudes al ver un partido desde afuera de la cancha, que no puede descargar quizás toda esa adrenalina y sensación que todo jugador siente adentro y que afuera no tenes esa participación.

En una semana de Superclásico, el “Titán” como así lo apodan, hizo memoria de su primer Boca-River, dónde tuvo la suerte de hacer un gol en el Monumental. Ese día Boca ganó 2 a 1, y era el último partido de Diego Armando Maradona con la camiseta de Boca Juniors, y para él también fue muy especial porque convirtió su primer gol en un Superclásico.  

También resaltó que cuando llegó al club “Xeneize” sabía lo que le iba  tocar vivir, lo que significaba un clásico, y que son muchas cosas que desde el inicio no pensaba que se podrían dar y menos llegar a ser un protagonista de los clásicos.

Martín expresó que todos los superclásicos que jugó fueron especiales, más cuando volvía de una lesión, su último en la Bombonera, el primero, todos los disfrutó y los vivió con la sensación de que el hincha también lo disfrutó.

Repasando un poco su presente, dijo que dirigir a Boca Juniors es un objetivo pero que todavía no llegó el momento, que no hay apuros, que seguramente se dará. Hoy por hoy disfruta en Arsenal, donde le toca estar al frente de ese equipo, ese club, que le dio la posibilidad para adquirir experiencias. 

“Siempre hay que tener motivos e intenciones de crecer en la profesión que uno elige, como tantas otras proyecciones que uno se plantee sin apurar nada”, sostuvo cuando  se le preguntó si su objetivo a futuro era dirigir a nivel internacional.

Volviendo al fútbol, contó qué fue lo que sintió en el momento del gol a Perú en el Monumental bajo la lluvia, que son momentos únicos, “más poniéndote la camiseta de la Selección Argentina, representando a tu país” y más cuando gracias a ese gol clasificaron al Mundial de fútbol Sudáfrica 2010.

Todo el tiempo sostuvo que ya pasó la etapa de jugador, que la disfrutó muchísimo, que vivió todo con mucha intensidad, y que hoy ya se encuentra incursionamente los primeros años de técnico lo que disfruta también con otras sensaciones pero que es lo que a él le gusta, que es seguir ligado al fútbol.

viernes, 21 de junio de 2013

Beto Casella: “En la vida hay que hablar con copete”

 

En una charla con el conductor de Bendita Tv y de “Bien Levantados” de la radio Pop, donde nos contó que su vida de antes era más tranquila, que se reía de todo, ayudaba bastante, y que la diferencia de ahora, es que la gente lo reconoce y lo saluda cuando se lo encuentra en la calle. 

Dijo, que eligió el periodismo, las ganas de comunicar, que siempre fue charlatán, de bromear con amigos, también hacia chistes en la escuela, era de esos que tiraban las tizas en el aula, y que cree que era cantado que tenía que elegir esa vocación. 

También expresó que sus referentes eran Juan Alberto Badía y Víctor Hugo Morales, y que cada uno de ellos tomó diferentes cosas, donde lo ayudaron a crecer, y ser más independiente. 

Del periodismo aprendió de la pirámide invertida, el Qué?, Cómo?, Cuándo?, Dónde? Y Por qué?, que siempre hay que usarlo en la vida. Que había un señor llamado Julio Ramos, que era director de radio, un tipo que venía del oeste y que llego muy arriba. Cuando Beto lo fue a entrevistar, recuerda que en su escritorio tenía una placa que decía “hable con copete” es decir, decime en pocas palabras lo que venís a decirme. Me parece que si uno lo utiliza en la vida, tiene más posibilidad del éxito. 

Beto recuerda que su primer trabajo no le costó conseguirlo, le resultó todo muy fácil, y cuando estaba estudiando periodismo en Tea, s ele dio la posibilidad de colaborar en una revista, donde escribía cosas como “Por qué no tengo amigas mujeres?”, y después empezó a colaborar en diarios, mientras él terminaba sus estudios, tenía algunos laburos, y que siente que todo le resultó mágicamente. 

“Disfruto más de la radio, porque es la forma de comunicación que me gusta, donde podes inventar personajes, crear un gurú, un capo de mafia, que se encuentran al lado tuyo en la mesa con la complicidad del oyente”, fue lo que sostuvo cuando le preguntaron qué trabajo disfruta más.

Todo el tiempo sostuvo que el periodismo de ahora está un poco “manoseado”, donde hay que escuchar y leer, hay que prestar mucha atención, qué dice, cómo lo dice, a quién se le puede entender, y qué cree que la gente tiene que hacer, es en escuchar la radio, con mucha atención, con cautela, porque mucho de lo que nos cuentan lleva mucho interés.